A sus seis años, Misk al-Madhoun pesa apenas cinco kilogramos, el peso promedio de un bebé de dos meses. Desde pequeña sufre atrofia cerebral y hoy yace inerte y silenciosa en el norte de Gaza, mientras su cuerpo se consume en un contexto donde la guerra ha privado al enclave de los medios de subsistencia más básicos.
“Teníamos dificultades económicas incluso antes del conflicto. Ahora no podemos encontrar nada: ni tratamiento, ni comida. La ayuda humanitaria casi ha desaparecido”, relató su padre, Bilal al-Madhoun, a la agencia Xinhua.
Aunque reciben ayuda ocasional de organizaciones benéficas, la familia de Misk muchas veces carece de alimentos. Sus prioridades han cambiado: ya no buscan tratamiento médico, sino artículos básicos como un biberón de leche o un paño limpio para aliviar el sufrimiento de la niña.
Desde el 7 de octubre de 2023, cuando estallaron las hostilidades entre Israel y Hamás, se impuso un bloqueo casi total sobre la Franja de Gaza, restringiendo drásticamente la entrada de alimentos, combustible, medicamentos y otros bienes esenciales. Los cruces fronterizos, ya estrictamente controlados antes, permanecen casi cerrados, mientras los bombardeos destruyen infraestructura, desplazan a la mayoría de los 2,3 millones de habitantes y paralizan los servicios públicos, especialmente el sistema de salud.

Los niños con discapacidades o enfermedades crónicas son de los más afectados: muchos han visto deteriorar su condición rápidamente y, en no pocos casos, han muerto.
El martes, Tamer Shohaiber, de 15 años, falleció en el Hospital al-Aqsa de Deir al-Balah debido a complicaciones de desnutrición severa. Nacido con atrofia cerebral, su estado empeoró desde el inicio de la guerra, indicó Khalil al-Diqran, portavoz del hospital.
“En sus últimos días no podíamos conseguir ni siquiera alimentos básicos como el pan. Estamos viendo un aumento de muertes infantiles que podrían haberse evitado con un mínimo de apoyo sanitario y nutricional”, expresó la madre del joven.
En solo 24 horas previas a este reporte de Xinhua, las autoridades registraron cuatro muertes, incluidos dos niños, confirmando que la crisis humanitaria sigue cobrando vidas que podrían haberse salvado.


