La Casa Blanca oficializó el acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos, un entendimiento que llevaba meses cerrado pero que dependía de los tiempos de Donald Trump. El anuncio se realizó junto con pactos similares con Ecuador, El Salvador y Guatemala.
El convenio surge tras la decisión de Washington de aplicar un arancel general del 10% a todas las importaciones. Dos sectores sensibles quedaron por fuera de esa rebaja: acero y aluminio, que por razones estratégicas continuarán enfrentando una tasa del 50%.
La negociación tuvo un inicio caótico, atravesado por disputas internas entre Howard Lutnick y Jamieson Greer, los principales funcionarios comerciales de Estados Unidos. Incluso una amenaza de bomba obligó a suspender la primera reunión y retrasó las conversaciones.

Con la tensión ya resuelta, el texto quedó acordado hace tres meses y sólo faltaba el visto bueno de Trump. La confirmación llegó mientras el canciller Pablo Quirno mantenía reuniones en Washington, lo que aceleró la comunicación oficial entre ambos gobiernos.
El pacto incluye un apartado sobre trabajo, donde Argentina se compromete a reforzar la protección de derechos laborales y a impedir el ingreso de bienes producidos con trabajo forzoso, una señal alineada con la estrategia estadounidense frente a China.
Una vez cerrado el anuncio político, comienza ahora un extenso proceso jurídico que definirá cómo se implementará cada capítulo. Trump decidirá si aplica el acuerdo completo o si avanza por tramos, según su propia agenda. En Buenos Aires no descartan un nuevo contacto entre Javier Milei y el mandatario estadounidense.



