Durante los meses de enero y febrero, las altas temperaturas y la humedad elevan el riesgo de deshidratación, una condición que puede afectar la función renal, la presión arterial y el rendimiento cognitivo. Según el Ministerio de Salud, perder solo un 2% de agua corporal ya genera fatiga, mareos y dificultad para concentrarse. En adultos mayores y niños, la deshidratación puede ser aún más peligrosa, ya que sus cuerpos regulan peor la temperatura y pueden tardar en manifestar síntomas.

Para evitarlo, los expertos recomiendan:
- Beber al menos dos litros de agua al día, incluso sin sed. En días de calor extremo, aumentar el consumo.
- Evitar el alcohol y las bebidas azucaradas, que favorecen la pérdida de líquidos.
- Consumir frutas y verduras ricas en agua, como sandía, pepino y naranja.
- Usar ropa liviana y protegerse del sol en las horas de mayor calor, entre las 11 y las 16.
- No esperar a sentir sed para hidratarse, ya que cuando aparece la sensación de sed, el cuerpo ya está perdiendo líquidos esenciales.
En casos de deshidratación severa, se pueden presentar síntomas como confusión, piel seca, fiebre o pérdida de la conciencia. Si esto ocurre, es fundamental acudir a un médico de inmediato.

Durante la ola de calor, es fundamental prevenir la deshidratación, ya que la combinación de altas temperaturas y humedad acelera la pérdida de líquidos. Beber agua constantemente, evitar el alcohol y consumir frutas y verduras ricas en agua son medidas clave para mantenerse hidratado. Ante síntomas graves como confusión o fiebre, es vital buscar atención médica inmediatamente.

