Un nuevo trabajo elaborado por Horacio Augusto Pereira, investigador sénior del Centro de Investigaciones en Gobierno de la Universidad Austral, plantea revisar una de las premisas históricas del debate económico argentino: la idea de que un mayor porcentaje de la industria manufacturera dentro del Producto Bruto Interno (PBI) equivale automáticamente a un mayor nivel de desarrollo. Denominado analíticamente como el “Efecto Canguro”, el informe propone evaluar el valor agregado por habitante, la productividad y la capacidad exportadora en lugar de la participación porcentual estática de cada sector.
El estudio toma como caso de referencia la estructura productiva de Australia, donde la industria manufacturera representa cerca del 7% del PBI, en contraste con el 16% que registra la Argentina. Pese a tener una proporción industrial significativamente menor, la economía australiana quintuplica el ingreso por habitante argentino y logra un valor agregado industrial per cápita muy superior, demostrando que los recursos naturales pueden funcionar como un motor de desarrollo tecnológico y no como un factor de primarización.

Los puntos centrales del análisis comparativo destacan:
Ecosistema METS (Mining Equipment, Technology and Services): En Australia, mientras la extracción minera directa emplea a unas 240.000 personas, el entramado de empresas proveedoras de tecnología, software, ingeniería y maquinaria genera más de 1,1 millones de puestos de trabajo.
Encadenamientos productivos: El informe señala que la generación de riqueza no radica únicamente en el recurso primario, sino en el desarrollo de bienes y servicios especializados creados a su alrededor.
Proyección para la Argentina: La investigación sugiere aplicar este enfoque conceptual en sectores locales estratégicos como Vaca Muerta o los proyectos alcanzados por el RIGI, promoviendo una industria proveedora de alta productividad en tecnología, logística e infraestructura.
En sus conclusiones, el trabajo de la Universidad Austral remarca que no existe un porcentaje industrial ideal predeterminado para garantizar el progreso económico. La clave del modelo australiano reside en transformar las ventajas comparativas en capacidades industriales complejas, desplazando la discusión sobre el tamaño del sector hacia la productividad real que cada actividad aporta a la sociedad.

