En un verano marcado por la caída del consumo y la austeridad de los bolsillos, los que no se van de vacaciones buscan alternativas para salir de casa sin gastar demasiado. Comer y beber afuera se volvió cada vez más caro: los comercios registran una caída de hasta 20% respecto a 2023, mientras los consumidores se inclinan por pizzerías y bodegones, que se consolidan como los negocios más resistentes a la crisis.
Según un informe de la consultora Infodash, los precios de restaurantes y comidas fuera del hogar subieron 42,5% en 2025, muy por encima del 31,5% de inflación anual. En términos reales, este rubro creció 33,7% desde 2019, lo que explica el cambio de hábitos de consumo: los platos abundantes para compartir superan a los individuales, más costosos y menos accesibles.

Incluso en pizzerías y bodegones, los comensales buscan estirar el gasto: comparten bebidas, evitan postres y priorizan opciones más económicas. Los helados, por ejemplo, se mantienen como un producto de consumo popular, con un promedio anual de 7,3 kilos por persona en 2024 y 2025.
En contraste, bares y boliches sufren caídas dramáticas. Desde octubre, más de 45 locales cerraron en la provincia de Buenos Aires, y la ocupación en la Costa Atlántica se desplomó: el consumo nocturno bajó más del 60%, afectando la capacidad de los comercios para cubrir sus gastos.
El gasto promedio en bares del Área Metropolitana de Buenos Aires es elevado: una hamburguesa con dos pintas de cerveza supera los 30.000 pesos. Los precios de tragos, pizzas y sándwiches van de los 3.300 a los 25.000 pesos según la franquicia, dejando en evidencia que muchos jóvenes no pueden afrontar estas salidas tras cobrar su sueldo.
En resumen, la temporada refleja un panorama económico complicado: el verano se disfruta de manera parcial, los gastos se racionalizan y los comercios deben adaptarse a un consumo más austero, con pizzerías y bodegones como principales beneficiarios, mientras bares y boliches atraviesan una crisis profunda.
