En Argentina, el 44% de los adultos tiene una relación débil o nula con la naturaleza. El dato surge de un estudio internacional realizado por la red WIN junto a Voices!, y pone en evidencia un problema silencioso: el alejamiento del entorno natural impacta directamente en el bienestar físico y emocional de las personas.
La cifra no sorprende si se considera que el 92% de la población vive en áreas urbanas, con acceso limitado a espacios verdes. En ciudades como Buenos Aires, los 6,1 m² de espacio verde por habitante están por debajo de los estándares recomendados por la OMS, y eso condiciona el vínculo cotidiano con lo natural.
El informe también advierte que la desconexión con el entorno natural se profundiza con la desigualdad. Las personas con menor nivel educativo o en situación económica vulnerable tienen menos posibilidades de disfrutar del verde, un derecho que debería estar garantizado para todos.

Más allá del diagnóstico, el impacto es claro. Quienes están en contacto frecuente con la naturaleza reportan mejores niveles de salud y bienestar, y además se muestran más críticos frente al accionar ambiental de gobiernos y empresas. La falta de espacios verdes no solo enferma: también debilita la conciencia ambiental.

Desde la pandemia, muchas personas comenzaron a migrar hacia zonas más verdes. Sin embargo, mudarse no debería ser la única forma de reconectar con la naturaleza. El diseño de ciudades más verdes, con parques accesibles y planificación urbana sostenible, es una deuda pendiente que afecta a millones.
En un contexto global donde vivir en armonía con el planeta ya no es una opción sino una necesidad, la naturaleza debe dejar de ser un lujo para convertirse en un derecho cotidiano. Reconectarnos con ella podría ser uno de los actos más urgentes, y humanos del presente.
