La violencia en las escuelas tiene un lado poco visible que preocupa a especialistas. Según un experto en convivencia escolar, la mayoría de los casos de acoso y violencia no llegan a ser denunciados, lo que dificulta su detección y atención oportuna. Solo un 10% de los episodios de bullying son reportados oficialmente, mientras que el 90% restante permanece en silencio, generando un problema oculto que afecta la vida cotidiana de estudiantes y comunidades educativas.
Este fenómeno quedó en evidencia tras un grave incidente en una escuela de La Paz, donde una alumna llevó un arma, efectuó disparos y se atrincheró por horas. La adolescente era vista como una estudiante tranquila y sin problemas de conducta, lo que revela que muchas situaciones de violencia y conflicto pasan desapercibidas.

El sistema educativo tiende a reaccionar solo cuando ocurren hechos graves y visibles, como peleas, heridas o la presencia de armas. Sin embargo, debajo de estos episodios visibles existe un entramado de conflictos, exclusiones y hostigamientos no detectados, que afectan el bienestar y la convivencia en las aulas. Muchas víctimas callan por miedo, vergüenza o porque consideran que no habrá cambios, lo que perpetúa el problema.
La prevención es fundamental y debe ir más allá de la activación de protocolos, que solo se aplican cuando el conflicto ya escaló a violencia abierta. Para mejorar la convivencia escolar, es necesario conocer el clima social dentro del aula mediante diagnósticos que detecten a tiempo tensiones y malestares. Esto implica construir espacios permanentes de diálogo, escucha y acompañamiento, en lugar de esperar a que ocurran incidentes graves.
Los conflictos cotidianos entre estudiantes, que suelen ser simétricos y derivados de diferencias o intereses opuestos, son la base sobre la que puede surgir el bullying. Si estos problemas se abordan temprano, es posible evitar que escalen a violencia sistemática y acoso constante. Actuar solo cuando aparece el bullying es un error; la intervención debe darse en las primeras señales de conflicto para romper el ciclo del silencio y la indiferencia.

La educación en valores como el respeto y la empatía debe comenzar desde la primera infancia, adaptándose progresivamente a las etapas educativas. Esta formación integral incluye la ciudadanía digital y el uso responsable de las redes sociales en niveles superiores. Sin un enfoque continuo y coherente, la prevención queda relegada a intervenciones aisladas y tardías.
Algunos países de la región, como Chile y México, han implementado programas efectivos que promueven la convivencia escolar a través de tutorías entre pares, mentorías docentes y proyectos solidarios. Estas iniciativas fortalecen el sentido de pertenencia y generan redes de apoyo dentro de las escuelas. En contraste, en Mendoza muchas de las propuestas existentes carecen de continuidad y resultados concretos, quedando en meras intenciones sin impacto real.
