Hace 15 años se enteró que, esa pareja tierna y afectuosa que lo había criado como hijo único, no eran sus padres. En 1967 le habían pagado 30 mil pesos de esa época a una partera de San Martín para que se los entregara. Después de enterarse de eso, durante los 15 años siguientes, quiso saber cuál era su origen. Ahora se encontró con su padre de sangre y se enteró que tiene 11 años. Que La Paz es la tierra de sus orígenes. Una historia cariños, búsquedas y encuentros.
“Un día nos sentamos tranquilos a charlar y, con mucha delicadeza, le pregunté: Tata, ¿yo soy adoptado?”, me contó Daniel Dante Galdame a comienzos de 2010, pocos semanas después de que su “tata” le confirmara que no era su padre de sangre. Sus sospechas habían comenzado unos cinco años antes, cuando en cierta forma comenzó su búsqueda.
Él suponía desde hacía mucho que no era hijo de esa pareja compuesta por Ruth Marcela “Monona” López y Atanasio Galdame, famoso en la zona Este por haber conformado un dúo folclórico muy exitoso con su hermano Honorio, que supo animar festivales y vendimias.

Daniel sabía que había nacido el 10 de septiembre de 1967, cuando esos padres de crianza vivían en una casa de Belgrano y Tucumán, de la ciudad de San Martín. Luego se habían mudado a una del barrio Jardín.
La duda de Daniel surgió más o menos por 2006, cuando su mamá Monona tenía 84 años y tuvo un pico de presión que le produjo daños irreversibles. “Estuve a su lado un mes completo. Fue entonces cuando me dijo: ´A vos te trajeron en un bolsito´. Yo no sabía si creerle o adjudicárselo a su estado de salud”, me contó Daniel. Finalmente, Monona falleció el 26 de enero de 2009 y dejó a su hijo sumergido en una crisis existencial.
“No quise preguntarle a mi padre, porque no quería dañarlo, pero si empecé a averiguar entre familiares y vecinos”, dice Daniel, quien llegó a viajar a Catamarca, Córdoba y Salta para interrogar a algunos parientes. Confirmó varios datos y se enteró de otros, pero la confirmación llegó recién hace un mes cuando se animó a hablar con su padre Atanasio, que ahora tiene 93 años. “Un día nos sentamos tranquilos a charlar y, con mucha delicadeza, le dije: Tata, ¿yo soy adoptado?”. El anciano respondió que sí y le contó todo lo que sabía.
Daniel había nacido sobre el mediodía del 10 de septiembre de 1967 en una maternidad, ya desaparecida, ubicada sobre la vereda norte de la calle Arjonilla, a unos 50 metros del cruce con Avellaneda. Una partera, prima de Monona, los había llamado. Sabía que no tenían hijos, que habían perdido dos embarazos y que deseaban intensamente ser padres. Los contactó con la dueña (ya fallecida) y esta les ofreció un bebé recién nacido “que la madre no quería”. A la tarde de ese día Atanasio fue a la maternidad, entregó $30.000 “que era el valor de una casa” y se llevó al bebé.
Cuando Atanasio le confesó esto a su hijo de crianza, se sintió tranquilo.
“Vi que mi papá se sintió aliviado y para mí también fue una tranquilidad. Ahora podía buscar a mis padres de sangre sin temor a que él se enterara por otro lado y se pusiera mal”, me dijo Daniel.
Daniel había sido policía durante varios años, y me contó que había tenido pesadillas con esta idea: “Muchas veces, como policía, tuve miedo de tener un enfrentamiento armado y herir o matar a alguien que podía ser mi hermano. O haber tenido relaciones con una mujer que podría ser de mi misma sangre”.

El 10 de septiembre del 67, hubo dos adolescentes que dieron a luz en esa maternidad. Una era de Junín y llegó acompañada “de su madre o de una hermana mayor” y la otra “estaba acompañada por un hombre mayor que ella, que tenía un sombrero negro de ala ancha, la que golpeaba constantemente con uno de los dedos”, recordaba Daniel que le había contado Atanasio.
Daniel Galdame me decía que quería conocer a sus padres reales y que “solo quiero juntarme a charlar un rato. Nada más. Saber algo de mi madre y mi padre de sangre. Saber si tengo hermanos. Nada más. Tuve a Monona y a mi Tata, estoy casado con una mujer maravillosa que me acompaña en esto, a mis dos hijos, una vida hecha. Solo quiero una conversación, sin ningún reproche”, decía. “Quizá ese gordo que camina por ahí (y señala con la cabeza) sea mi hermano. O tal vez esa rubia sea mi prima. Posiblemente yo sea igual a mi abuelo. No lo sé. Solo quiero saber”. Y siguió mirando a la gente que pasa a su lado.
Hoy Daniel Dante Galdame tiene 57 años y, después de tanta búsqueda, encontró a su padre, se enteró que tiene 11 hermanos que ya conoció y también sabe quién es su madre.
Esto fue gracias al Programa Identidad Biológica, la articulación entre el Registro Provincial de Huellas Genéticas y un equipo interdisciplinario que trabaja para reconstruir historias personales y familiares.
El caso de Daniel es el decimoquinto resultado positivo del programa en lo que va de 2025.
Daniel ya visitó a su padre y hermanos en La Paz. Ya se cruzó con ellos varias veces. Ya completó su historia.
