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SALUD PÚBLICA

Preocupación en Mendoza por el hambre emocional: cuándo la comida se convierte en refugio

Especialistas del Programa Provincial de Obesidad alertan sobre el crecimiento de la ingesta emocional, una conducta vinculada al estrés, la ansiedad y otros factores emocionales. Un estudio argentino reveló que cerca del 40% de la población analizada presenta este comportamiento.

hambre emocional

Comer después de una discusión, recurrir a alimentos dulces durante una jornada estresante o abrir la heladera sin sentir hambre son conductas que se repiten con frecuencia y que, según especialistas de Mendoza, podrían estar relacionadas con la denominada ingesta emocional.

Desde el Programa Provincial de Obesidad, dependiente del sistema público de salud mendocino, explican que se trata de una forma de alimentación impulsada por las emociones y no por una necesidad fisiológica real. En estos casos, la comida se convierte en una herramienta para intentar aliviar sentimientos de ansiedad, preocupación, tristeza, enojo o estrés.

Los profesionales advierten que las emociones influyen de manera directa en la conducta alimentaria, afectando tanto la elección de los alimentos como la cantidad consumida. Cuando esta conducta se vuelve recurrente, puede generar un círculo difícil de romper: malestar emocional, consumo impulsivo, culpa y nueva ingesta.

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es que las personas suelen elegir alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares, grasas y sodio, que generan una sensación inmediata de placer pero poseen escaso valor nutricional.

Un fenómeno cada vez más frecuente

Si bien no existen estadísticas oficiales a nivel nacional, una investigación realizada en Argentina durante 2022 reveló que alrededor del 40% de las personas estudiadas presentaba algún grado de ingesta emocional. El trabajo también mostró que las mujeres suelen verse más influenciadas por las emociones al momento de comer, con una mayor preferencia por alimentos dulces y grasos.

Desde Mendoza señalan que esta problemática puede estar relacionada con hábitos adquiridos desde la infancia, aprendizajes familiares o situaciones de sufrimiento emocional prolongado. En algunos casos, incluso, puede estar asociada a trastornos de ansiedad que requieren acompañamiento profesional.

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La importancia de reconocer las emociones

La psicóloga del Programa Provincial de Obesidad, Alejandra Mellado, explicó que las emociones forman parte de todas las experiencias humanas y cumplen una función esencial para adaptarse a distintas situaciones de la vida cotidiana.

Según la especialista, aprender a identificar las emociones permite comprender mejor las propias reacciones y detectar cuándo se intenta calmar el malestar a través de conductas poco saludables, como la ingesta emocional.

Respecto de la ansiedad, indicó que se trata de una respuesta natural del organismo frente a desafíos o situaciones de incertidumbre. Sin embargo, cuando se vuelve excesiva o aparece sin una causa concreta, puede favorecer comportamientos impulsivos relacionados con la alimentación.

Un problema que tiene tratamiento

Los profesionales remarcan que la ingesta emocional puede abordarse mediante acompañamiento psicológico y nutricional. Identificar los desencadenantes, reconocer las emociones involucradas y desarrollar estrategias alternativas para afrontar el malestar son algunos de los pasos fundamentales para mejorar la relación con la comida.

Quienes necesiten información o asesoramiento pueden comunicarse con el Programa Provincial de Obesidad de Mendoza, que funciona en Coronel Rodríguez 1209 de Ciudad y brinda atención y orientación especializada sobre esta problemática.

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