Con la implementación de un nuevo régimen de flotación administrada del tipo de cambio oficial —que establece una banda entre los $1.000 y $1.400— y el fin del cepo cambiario para personas humanas, el mercado comienza a evaluar el impacto de estas medidas sobre la inflación. La reciente depreciación del peso genera incertidumbre, y las consultoras ajustan sus proyecciones.
Aunque el presidente Javier Milei anticipó que la inflación de abril será más baja que la de marzo, distintos analistas privados se muestran cautelosos y coinciden en que aún es temprano para hacer estimaciones precisas.

En cambio, la consultora FMyA prevé una inflación del 5% tanto en abril como en mayo , con una tendencia a la desaceleración hacia el segundo semestre. Según su estimación, la inflación podría caer a menos del 2% mensual a fin de año , cerrando 2025 con un acumulado del 35% , considerando las reaperturas salariales y los ajustes pendientes en tarifas y combustibles.
Por su parte, Analytica advirtió que la reciente devaluación podría intensificar la aceleración inflacionaria que comenzó en febrero. En sintonía, la firma Equilibra , que inicialmente preveía un Índice de Precios al Consumidor cercano al 3%, ahora considera que el nuevo contexto podría empujar la cifra a niveles similares a los de marzo, aunque aún restan analizar las últimas semanas del mes.
Uno de los datos que más preocupación generó fue el salto del 11,1% en el tipo de cambio mayorista , que encendió las alarmas entre los analistas. La consultora PxQ señaló que el éxito del nuevo esquema cambiario dependerá de la capacidad del Gobierno para contener una eventual espiral inflacionaria y mitigar el impacto sobre la actividad económica .

Según su análisis, en promedio, el 80% de las devaluaciones se traslada a precios en los seis meses siguientes . No obstante, recordaron que, tras la salida del cepo en 2015, ese traspaso fue del 60%.
En este nuevo escenario, la firma identificó factores que podrían incidir en mayor o menor medida en la evolución de los precios. Entre los elementos que podrían suavizar el impacto se encuentran la existencia de precios más alineados, el superávit fiscal y una economía más abierta. Por otro lado, factores como la inflación persistente y el bajo nivel de reservas podrían acelerar el traslado a precios.


