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Historias de por acá

Brujas en Mendoza: mitos, creencias y testimonios

Todos han escuchado alguna vez sobre ellas y hay muchos que aseguran haberlas visto. Las brujas y sus brujerías son parte del folclore nacional y Mendoza no es la excepción.

Brujas en Mendoza

"Mire allá, ¿la ve?", preguntó el hombre, mientras señalaba con el dedo hacia la copa del duraznero que estaba a unos veinte metros. Entrecerré los ojos y esforcé la vista. "Creo que sí", contesté.  El cielo estaba despejado y la luna en cuarto menguante alcanzaba para que la plantación de la finca de Chapanay perfilara sus formas y sus sombras. "Se aparece los martes y los viernes, como a las 10 de la noche. Se para siempre junto al mismo árbol y cuando la miramos por la ventana se trepa, como desesperada. Al rato desaparece", contó el contratista.  

Brujas en Mendoza
 

Traté de ver lo que el hombre me contaba, pero apenas alcancé a confirmar que allí, entre las ramas del duraznero, había sombras, tantas e iguales como en el resto de los árboles.  Pero no quise contradecir al dueño de casa y asentí, mientras esforzaba la vista todavía más. "¿Y cómo es?, porque de acá yo no la alcanzo a ver bien", pregunté.  "Es una mujer muy delgada, toda vestida de negro. Tiene el pelo largo, que le cae hacia adelante y le tapa casi toda la cara", describió. "A pesar de que parece vieja y muy débil tiene mucha agilidad, porque se trepa al árbol como si fuera un gato".  

Había decidido ir hasta la finca después de haber escuchado durante varias semanas el relato asustado del contratista y que yo me negara a creer en la existencia de brujas. "Venga y véala usted mismo", me había desafiado el hombre.   Y allí estaba ahora, viendo sombras y sin ganas de contradecirlo, pensando en el dicho popular que dice "las brujas no existen, pero que las hay, las hay".  
Un tiempo antes Zulma, una mujer de Palmira, me había contado una experiencia muy parecida, ocurrida hace como diez años atrás.  
La mujer decía que, cuando todavía su madre vivía, algunas noches se asomaban a la ventana y alcanzaban a ver a una figura que se paraba junto al paraíso que estaba enfrente de la casa y que, apenas se sentía observada, se trepaba al árbol. "¡Cerrá los postigos, Zulma, que si no se nos mete adentro!" le ordenaba su madre. Después de reunir relatos, experiencias y recortes informativos se puede llegar a algunas conclusiones, subjetivas e imparciales:  
1- Las brujas son flacas y de pelo largo y lacio. Nadie ha visto brujas con sobrepeso y tampoco que tengan rulos o que se hayan hecho la permanente. Esto no tiene una explicación lógica. Solo se puede suponer que si fueran gordas no se podrían trepar a los árboles y si tuvieran rulos probablemente su pelo se les enredaría en las ramas.  
2- Si una mujer es rubia, bella y le gusta vestir ropa de telas estampadas o de colores vivos debe olvidarse de ser bruja. Menos aún si es hombre. Su perfil no encaja con el requerido. No hay un solo relato de observaciones fantasmales que reúnan estas características. Todas las imágenes coinciden con las impuestas por Disney. Quizá si al congelado fundador del imperio de dibujitos animados se le hubieran ocurrido de otra manera, la cosa sería distinta.  
3- En Mendoza hay más brujas que en otras provincias. Eso se presume por la cantidad de relatos que hay. O hay más o, por lo menos, son menos tímidas, ya que sus apariciones son frecuentes y, paradójicamente, son casi naturales.  
4- Las brujas prefieren las zonas rurales, el piedemonte y los pueblos pequeños. Aparentemente el ruido y las luces de las ciudades grandes las espantan o no les caen en gracia.  
5- Hay otras categorías de brujas, pero esas son creadas por algún sector del género masculino para justificar, salvo escasas excepciones, sus infidelidades y su falta de autocrítica. Por esto no se les dará espacio en este escrito.  

Se cuenta que en Mendoza hay lugares específicos en donde se reúnen las brujas para intercambiar experiencias y hablar sobre sus cuestiones. Dicen que uno de esos sitios son las estribaciones del cerro Arco. Allí es común verlas las noches de los martes y viernes, entre las 22 y las 3 de la madrugada, en pleno aquelarre.  Se puede observar en esas oportunidades a una bruja mayor que preside el cónclave, mientras debaten sobre distintos temas. También concurren las brujas aprendices que reciben allí el conocimiento y el adoctrinamiento necesario para cumplir con virtud y sabiduría su futuro oficio.  

Hay algunas ocasiones, muy escasas, en donde alguna bruja se atreve a incursionar en lugares luminosos y muy poblados. Tal es el caso ocurrido en los primeros días de noviembre del año pasado, cuando una de estas señoras no tuvo mejor idea que dejarse ver en el barrio Villa del Parque, de Godoy Cruz.  Fue un miércoles como a las 22, al 2400 de la calle Lamadrid. Los vecinos de la zona aseguraron que vieron "como una sombra oscura, como una túnica negra, sobre una de las ramas más altas de un árbol".  Un niño de 10 años dijo que "cuando la alumbraron le vimos la cabeza y yo le vi un ojo negro que le brillaba". 

 El revuelo fue mayúsculo. A alguien se le ocurrió llamar al 911 y aparecieron como cinco patrulleros. "Nos acercamos todos y vimos que había algo negro, pero no sabíamos qué era. Inclusive una rama se quebró", contó una mujer la mañana siguiente.  
La situación parece difícil que haya ocurrido, pero así quedó registrada en el Libro 1 de la comisaría de la zona.  
Estas apariciones no son efectuadas por las brujas con su cuerpo físico, sino solo por su espíritu. Y bien sabido es que el espíritu no tiene peso específico, salvo cuando la angustia es muy grande. 

Brujas en Mendoza
 

 El escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza, entrañable amigo del genial Gabriel García Márquez, contó que en los últimos días del escritor, comenzó a desconocer a sus más cercanos compañeros de vida. Los crueles salieron inmediatamente a sostener que estos eran los primeros efectos de "demencia senil" y que podrían delatar un comienzo de Alzheimer.  
"La última vez que hablamos se le olvidaban ciertas cosas y me preguntaba: '¿Cómo estás, cuándo vienes, qué estás haciendo?' Muchos amigos, con quienes he comentado el asunto, me dijeron que con ellos también se limitaba a iguales interrogantes. Entonces, hay la sospecha de que simplemente tenía unas fórmulas. Si no reconoce, no dice «no sé quién eres tú», sino que hace unas preguntas genéricas. Me dolió mucho esta situación y me inquietó. Gabo siempre fue un gran amigo", dijo quien es coautor con García Márquez de *El olor de la guayaba*.  

Más bien parecería que el estado del maravilloso escritor no fue producto de una enfermedad ni de sus años. Perfectamente puede suponerse que quien siempre conjugó y disfrutó de los dos mundos, el real y el fantástico, optó finalmente por sumergirse en el más benévolo y amable y que se fue despojando definitivamente de las crueldades del otro.

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