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Historias de acá

Crónica de un asesinato en la frontera del desierto de Mendoza y a 18.000 kilómetros de Corea

Desde febrero el señor Kim es un femicida y la señorita Yoo su víctima. Con un acto de necrofilia incluido, fue una secuencia que rompió la paz de una comunidad amable, respetuosa y espiritual de surcoreanos que viven en una finca de nogales y almendros de Nueva California y que son parte de los más de 25000 que viven en la Argentina.

Crimen Coreano

El señor Kim no habla con nadie. Da lo mismo, porque si hablara nadie lo entendería. Nadie habla coreano en la cárcel. 

No era diferente antes de lo que pasó. El señor Kim siempre fue retraído, tal vez porque casi siempre ha vivido en lugares desconocidos, ajenos, donde nadie lo entiende. 

“Sus características de personalidad podrían ser compatibles con psicopatía, dada la dificultad en el contacto social, tendencia a migrar a diferentes lugares geográficos, no establece vínculos interpersonales duraderos. No mantiene una relación fluida con su familia. No denota empatía. No alberga sentimientos positivos. (…) Denota frialdad afectiva”, dijo la doctora Sonia González Ferriz cuando le realizó la pericia psiquiátrica. El hombre puede tener una personalidad psicopática, pero “comprende la criminalidad de sus actos”.

El señor Kim no habla español y apenas chapurrea el inglés. Sólo habla coreano, pero tampoco lo entienden sus compatriotas, esos compañeros de trabajo de la finca de Nueva California, que lo van a visitar cada tanto a la cárcel, más por solidaridad que por afecto, y que hablan su misma lengua pero que no pueden explicarse por qué el señor Kim realizó un acto tan brutal y despiadado, tan ajeno a las costumbres de la comunidad.

Nadie puede entender por qué el señor Kim estranguló hasta matar a la señorita Yoo la madrugada del 10 de febrero pasado y, en los siete minutos siguientes, se restregó sobre su cadáver, haciendo movimientos pélvicos, como repitiendo alguno de los encuentros sexuales que habían mantenido tiempo atrás, a escondidas. A escondidas, sí, porque allí estaban prohibidas las relaciones amorosas entre compañeros de trabajo, como en muchas otras empresas.

Después el señor Kim (Seong Jin es su nombre, pero casi nadie se llama por su nombre en Corea, por respeto) cargó en brazos el cuerpo de la señorita Yoo (Kyungja era su nombre), caminó con ella 2.153 metros y la tiró en una zanja de dos metros de profundidad, hecha para que los animales no invadan los cultivos. El cadáver de la señorita Yoo cayó boca abajo. Su brazo izquierdo quedó debajo del cuerpo y el derecho a un costado. Estaba vestida con una remera blanca, una calza estampada que le llegaba hasta las pantorrillas, descalza, con su reloj pulsera en la muñeca izquierda. El señor Kim la tapó con tierra para no verla más, desmoronando los bordes de la zanja. Era la madrugada del viernes 10 de febrero de 2023. La señorita Yoo iba a cumplir cincuenta años el 25 de marzo.

La consciencia de Kim Seong Jin (el apellido siempre antecede al nombre en Corea) soportó que sus compañeros y compañeras de trabajo comenzaran a buscar a Yoo Kyungja el sábado 11. Primero por la finca, después por todo Nueva California. Soportó que la comunidad coreana repartiera volantes con una foto de la señorita Yoo el domingo 12. Pero en la madrugada del lunes 13, el señor Kim ya no pudo con su consciencia y le confesó a un compañero que la había matado. Después se fue hasta un depósito y tomó un gran trago de herbicida, queriendo matarse. Pero ahora fue su esófago el que no soportó el herbicida y vomitó. Eso le salvó la vida. En un Jeep de la finca sus compañeros lo llevaron de urgencia al Hospital Perrupato, en San Martín. Allí le hicieron un lavaje y le quitaron lo que quedaba del veneno. Y allí sus compañeros le contaron a la policía que el señor Kim era un femicida.

Cuando amaneció ese lunes, la policía llegó a la finca. Los compañeros de Yoo ya habían encontrado el lugar donde estaba enterrada. No fue difícil. El sitio estaba cerca del límite entre los cultivos de nogales y almendros y el campo yermo de esa finca de 8.000 hectáreas que la empresa de capitales coreanos Nuevo Cosmos S.A. había comprado en 2009 por 3 millones de dólares. Además, esos días de febrero habían sido de un calor sofocante y, del montículo de tierra que cubría el cadáver, escapaba un olor fétido y estaba repleto de moscas.

La comunidad en la finca

Cuando Nuevo Cosmos compró las 8.000 hectáreas en Nueva California, distrito de San Martín que limita con Lavalle, contrató obreros del lugar para los primeros trabajos. Pero esa relación fue compleja cultural y laboralmente y la empresa decidió traer mano de obra directamente de Corea del Sur. 

La planta de trabajadores ha variado entre quince y treinta y son personas solas, que llegan sin familia, sin hijos, y a los que se les hace una visa provisoria de trabajo y luego la nacionalidad, si es que ellos lo desean. Yoo Kyungja había llegado hacía unos ocho años y Kim Seong Jin hacía unos cinco. Ambos ya tenían DNI argentino.

Kim y Yoo, en secreto, habían mantenido una relación amorosa. Nadie sabe cuándo comenzó ni cuando terminó, aunque se cree que fue a comienzo de año cuando la mujer le dijo que no quería continuar con eso. 

Todos los obreros cuentan con habitaciones individuales, servicios comunitarios y hasta una sala de meditación, ya que la vida espiritual tiene mucha importancia para los surcoreanos. Justamente en esa sala ocurrió el femicidio. 

Yoo había tendido una esterilla en el suelo para meditar y se quedó dormida. Así la encontró Kim cuando la atacó. El hombre le mantuvo los brazos inmovilizados contra el suelo con sus rodillas y la estranguló con sus manos.

En la finca la comunidad respeta las costumbres milenarias. Por eso los coreanos tienen una jornada laboral extensa y el respeto a la autoridad, incluso familiar, es absoluta. Esto, sumado a la ubicación geográfica de la finca, hace que la comunidad coreana de Nueva California tenga muy poca vida social y que no se los vea mucho fuera de allí, a pesar de que han hecho algunas excursiones por la provincia, siempre en grupo.

Por razón estrictamente humanitaria Nuevo Cosmos S.A. le ordenó al estudio jurídico que los asiste en Mendoza, que designe a uno de sus abogados para que ejerza la defensa particular de Kim Seong Jin. Además, decidió cubrir los gastos de los tratamientos psicológicos de su plantel de trabajadores, al menos de aquellos que lo requieran, para que puedan superar el trauma.

Coreanos en la Argentina

Los primeros inmigrantes de Corea del Sur llegaron a la Argentina en 1965. Fueron trece familias, que se instalaron en Choele Choel, Río Negro.

Los registros de la Dirección Nacional de Migraciones indican que la mayor oleada fue entre 1984 y 1989, donde se otorgaron 11.336 permisos de ingreso al país. 

Hacia la década del 90 había unos 40.000 surcoreanos en Argentina, distribuidos especialmente en Córdoba, Rosario, Tucumán, Chubut y Buenos Aires. 

Pero en el 2000 algunos regresaron a Corea del Sur y muchos otros se radicaron en la Ciudad de Buenos Aires.

Hoy se estima que hay unos 25.000 surcoreanos en la Argentina y el 80 por ciento vive en la Ciudad de Buenos Aires, especialmente en el barrio de Flores.

La mayoría se dedica a la industria textil, la industria alimenticia y la gastronomía.

Los trabajadores rurales, como es el caso de los radicados en Nueva California, no son muchos.

Casi todos mantienen sus costumbres religiosas y gastronómicas, pero están bien integrados.

En los últimos tiempos estas costumbres se han puesto de moda, especialmente por influencia de grupos musicales y otros artistas coreanos, que han hecho que los argentinos comiencen a consumir productos coreanos y empiecen a entender mejor a los orientales.

Nueva California, tierra caliente

Nuevo Cosmos S.A. tuvo un fuerte conflicto con algunos puesteros de la zona cuando compró las 8.000 hectáreas en 2009. Si bien la venta estaba confirmada, esos puesteros consideraban que tenía derecho sobre parte de las tierras.

En 2012 el conflicto era tan severo que llegaron a producirse hasta tres denuncias por semana en la Oficina Fiscal de Palmira, que tiene jurisdicción en esa zona. Las denuncias eran cruzadas entre los puesteros y la empresa por agresiones, daños y amenazas, acusaciones por utilización ilegal de agua, cortes de alambrados y de servidumbres de paso, entre otras.

Finalmente, el caso lo terminó resolviendo la Justicia Civil que, en 2015, falló a favor de la empresa, sentencia que fue ratificada por la Cámara de Apelaciones. 

A partir de allí los ánimos se aplacaron.

Actualmente, del total de 8.000 hectáreas, hay unas 500 hectáreas cultivadas. Son plantaciones de nogales y, en un porcentaje menor, de almendros. Y hay un acuerdo tácito para que el ganado caprino de los puesteros pueda pastar en el área inculta de la propiedad, que es la mayor parte.

El distrito de Nueva California tiene una superficie de 215,63 kilómetros cuadrados, es el tercero en extensión del departamento de San Martín y, a 40 kilómetros, es el más alejado de la ciudad cabecera.

Fue fundado el 26 de octubre de 1919 por Florencio Carlos Nanclares y el nombre pretendió ser remedo de la estadounidense California, que en esos años parecía ser la tierra prometida para muchos.

En sus orígenes hubo una fuerte disputa por esas tierras sanmartinianas entre los nuevos pobladores y el cacique Sayanca, que argumentaba tener dominio sobre ese territorio y sobre casi todo el departamento.

Finalmente, el 4 de mayo de 1961, el Juez del 5° Juzgado en lo Civil de Mendoza, Francisco Decunto, declaró falsos los títulos que decía tener Sayanca.

En la zona viven actualmente unas 2.600 personas.

El señor Kim y el expediente P.17.543/23/08
 

Kim Seong Jin nació el 25 de mayo de 1958 (está por cumplir 65 años), en la provincia de Jeollanam-do, en la región sudeste de Corea del Sur, que tiene una amplia costa sobre el Mar Amarillo y en donde la economía se basa en la industria pesquera y la explotación petrolera.

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Kim es el más común de los apellidos coreanos. Como si se apellidara Pérez en la Argentina. Etimológicamente Kim viene de la palabra oro. Hacia el 600 antes de Cristo hubo tres clanes reales Kim en Corea y, de allí, muchos recibieron o adoptaron ese apellido. 

Kim, el femicida, tiene poco o nulo contacto con su familia. Es divorciado y tiene un hijo, ya mayor de edad. Antes de llegar a la Argentina, también vivió en México y en Brasil, siempre trabajando como obrero rural.

Con ayuda de un traductor, ha declarado que no posee antecedentes penales en ningún país y las investigaciones realizadas sobre su pasado no han encontrado ninguno.

Fue imputado en febrero y este último lunes se le dictó la prisión preventiva por el delito de homicidio triplemente agravado por la relación de pareja, por la alevosía y porque su víctima fue una mujer.

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Para la fiscalía que conduce el doctor Martín Sacattareggi este no es un caso complejo. Las pruebas son contundentes. Un sistema de cámaras de vigilancia ubicadas en el salón de meditación donde se produjo el femicidio, registraron la secuencia completa con total claridad.

Además, por más que no esté judicializada, está la propia confesión de Kim a un compañero de trabajo. También es una prueba indiciaria su intento de suicidio y algunas huellas encontradas en el lugar donde enterró a su víctima.

Así las cosas, parece inminente que se acuerde un juicio abreviado, si es que Kim acepta reconocerse culpable. 

La única pena posible es la prisión perpetua, que son 35 años, sentencia que deberá cumplir en la Argentina.

Debido a su edad, es muy probable que muera en la cárcel.

Los restos de Yoo Kyungja fueron reclamados por su familia y trasladados a su tierra natal.

La víctima regresó sin vida al hogar. El victimario no podrá regresar jamás.    

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