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Historias de por acá

Fantasma de Juan Sin Tierra, el de la cantera de Rodeo del Medio

La cantera es parte del paisaje, todos la conocen. Pero solo los más antiguos conocen la historia de Juan Sin Tierra, que es parte de los mitos de esa región de Mendo

Juan, sin tierra - Ilustración: IA

Era casi una ceremonia de siesta de domingo. Los pibes caminaban juntos y, cada tanto, alguno miraba hacia atrás para ver si alguien los seguía o los había visto.
Eran ocho. A veces eran algunos más si lograban escaparse de sus casas. Tenían edades diversas. El más chico andaba por los 8 y el mayor por los 14.

Promediaba la década del 60 y el grupito distribuía las siestas para pescar ranas, cazar pájaros, juntar fruta, jugar a la pelota e ir a la cantera, como ese día.
Se conocían desde siempre. Se cruzaban en la escuela o en la calle. En Rodeo del Medio todos se conocían o sabían quién era quién.

Ese día los pibes iban a la cantera. Era siesta de domingo, el único día de la semana que no había nadie, o casi nadie.

Los otros días, incluso los sábados, siempre había alguien trabajando o cuidando el lugar. Los sacaban corriendo, a veces hasta con algún policía. Algunos chicos aseguraban que hasta habían llegado a escuchar disparos al aire para que se fueran.

Ese domingo, el grupo ya había cruzado el barrio 25 de Mayo a hurtadillas. Los pocos vecinos que no dormían y estaban a la sombra, escapándole al calor, apenas les prestaron atención.
Los chicos iban desbordados de ansiedad, como cada vez que se acercaban a la cantera. Cruzaban el cerco casi de un salto y, siguiendo un sendero que ya conocían, descendían hasta el final, a lo profundo.

Piedra caliza. Balasto, esa piedra partida que se acomodaba debajo y a los costados de los durmientes del ferrocarril.
La cantera era del ferrocarril y los obreros rompían el suelo, rompían la piedra, cargaban los carros y los deslizaban por la trochita, para luego llevarlos a los vagones. Y así iban los vagones, cargados hasta donde debían. Porque antes el balasto era usado solo para sustento de las vías. Ahora también lo vendían para obras privadas, para sustento de las rutas, para lo que fuera necesario.

Juan, sin tierra - Ilustración: IA
Juan, sin tierra - Ilustración: IA

El juego era simple pero esforzado. El grupo se acomodaba en la punta de rieles, en el extremo inferior, y empujaba uno de los carros mineros hacia arriba, hacia los lugares más altos donde llegaba la vía. Ahí se subían todos... o todos los que podían, antes de que el carro se lanzara loco, descontrolado, hacia abajo.

Con suerte llegaban al final. Casi siempre el carro minero se descarrilaba antes por la velocidad y la carga inestable de chicos. Todos volaban. Increíblemente, nadie nunca salía herido de gravedad. Salvo raspones, ropa rajada o, como mucho, algún tajo, todos terminaban enteros y haciendo planes para volver el domingo siguiente.

Todos los lunes a la mañana los obreros, como primera actividad para iniciar la semana de trabajo, colocaban los carros sobre las vías y maldecían a los pibes.
Pero había otros pibes, estos más grandes y que rondaban los 18 años, que hacían la misma excursión, pero de noche y por otros motivos.

Juan, sin tierra - Ilustración: IA
Juan, sin tierra - Ilustración: IA

El grupo, también de unos 8 o 10 según la noche y eligiendo aquella cuando la cantera estaba desolada, caminaba entre los rieles, entre las casillas y los montículos de piedra partida, buscando una leyenda.

Contaban que allí, especialmente las noches de cuarto menguante y hasta la luna nueva, vagaba el espíritu de un obrero muerto durante el tendido de las vías del tren, entre 1881 y 1884.

Los muchachos no sabían mucho cómo había sido la historia ni tampoco les importaba. Solo buscaban, noche tras noche, el espíritu de ese hombre desconocido.

Esos muchachos jamás habían leído de Juan Clark y tampoco de su hermano Mateo, que habían presentado el proyecto de construir la línea del ferrocarril que uniera los puertos del Pacífico y del Atlántico. Fue en 1872 cuando Juan comenzó a gestionar la concesión para la construcción. En 1882 la compañía Buenos Aires and Pacific Railway (BA&P) se registró en Londres y Clark pudo comenzar con la construcción de la línea.

La historia oficial, aquella que desconocían los muchachos, decía que las etapas habilitadas fueron así: San Luis, el 8 de julio de 1882. El 11 de agosto de 1883 hasta La Paz; en octubre de 1884 hasta Maipú. El 7 de abril de 1885 hasta Mendoza (aunque dicen que ya estaba habilitada un año antes) y luego hasta San Juan.

Los Clark traían la mayoría del material y de los obreros desde lejos, pero otros, al menos la mano de obra gruesa, la contrataban al tanto por dónde iba avanzando el tendido de las vías. El balasto salía de la cantera de Rodeo del Medio cuando el tendido llegó a Palmira.

Del hombre muerto, del fantasma, se decía que había fallecido en esa zona, pero no estaba claro si fue cerca de Barcala, quizás en Fray Luis Beltrán o tal vez cerca de Rodeo del Medio, de la estación General Ortega, o Coquimbito, General Gutiérrez, o muy posiblemente Luzuriaga.

Los muchachos y todos preferían creer en la historia que decía que había fallecido allí mismo, en la cantera. Le decían “Juan sin tierra” y la historia preferida sostenía que el hombre había vivido en algún lugar de Rodeo del Medio, solo.

Que se había sumado a los obreros del ferrocarril para juntar unos pocos pesos. Que se encargaba de empujar los carros con balasto hasta los vagones. Que cierta vez, cuando había cargado el último carro en el último vagón, el maquinista retrocedió en lugar de avanzar y la maniobra sorprendió a Juan en medio de la vía. Que el último vagón y tres más lo pasaron por encima. Que fue tan salvaje el accidente que no pudieron reunir el cuerpo de Juan. Y decían que, desde ese día, su espíritu vagaba por la cantera en busca de su humanidad deshecha.

Los muchachos jamás pudieron ver el alma en pena. Aseguraban haber escuchado ruidos, haber visto sombras y sentido aires fríos, pero nada más.

Todavía dicen que algún rodomedino se atreve a ir a la cantera por la noche en busca de Juan. Pero puede ser que solo sean habladurías.

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