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La solidaridad es ahora

Un comedor y merendero al borde del cierre pide ayuda urgente a la comunidad

Un espacio de integración social que da alimentos y contención a decenas de familias de Palmira, salió a pedir ayuda a la comunidad para poder atender las necesidades de su comunidad. Esto sucede en una crisis general de merenderos y comedores comunitarios que están al borde del cierre por la quita de partidas alimentarias decididas por el gobierno nacional.

Comedor de Palmira

Cada vez menos para repartir entre más. Esa es el presente que viven los merenderos y comedores comunitarios. Cada vez menos y a un paso de tener que cerrar porque ya no hay nada para repartir. Esa es la realidad, en Mendoza y en el país. Son gestionados por organizaciones sociales, iglesias y hasta alguna iniciativa vecinal. Todos tienen el mismo problema y también urgencias particulares.

“Esto no va terminar bien, la situación está por explotar”, dijo Cristian Bassín, el ex sacerdote que en 2015 creó “Vengo a proponerles un sueño”, un espacio integral de inclusión social, de Palmira, en donde se les brinda asistencia y contención a una importante cantidad de familias que residen especialmente en el sur de la ciudad jarillera, en el departamento de San Martín. 

“Asistimos a adultos mayores, niños, discapacitados, pero también a todo el núcleo familiar”, explicó y contó que el lugar no recibe aportes estatales, sino que se sostiene con la colaboración solidaria de “amigos, conocidos, colegas docentes, estudiantes, amigos, empresarios y laburantes comunes”. Bassín advirtió que la situación de un amplio sector de la comunidad es muy grave debido al presente económico y social del país y subrayó que “me preocupa la insensibilidad aberrante de todos sectores del gobierno, tanto nacional, provincial y municipal”.

Comedor de Palmira
Los chicos que concurren al merendero en Palmira

Insistió en remarcar que “es deplorable la situación” de los sectores más humildes de la población e indicó que las medidas adoptadas por gobierno nacional “van en prejuicio de muchos laburantes a los que no les alcanza comida y esto no va terminar bien, está por explotar”. En las casas “la cena ha desaparecido. Apenas es un té o un yerbeado, y el desayuno es té o yerbeado y, si tienen suerte, un pedazo de pan del día anterior”. En el salón donde reciben a las personas, es frecuente ver como “los niños, después de comer, tratan de poner galletas o lo que sea en los bolsillos para llevar a su casa y compartirlo con su familia, que casi siempre son más hermanos o abuelos” y dijo que “también vienen adultos, trabajadores, que con mucha vergüenza vienen a comer algo porque en su casa no alcanzó para todos”. 

Comedor de Palmira
Cristian Bassin con el equipo de solidarios 

Para colmo, el inminente inicio de clases ha agregado otra necesidad: los útiles de los niños. “Son imposibles de comprar para la mayoría”, dijo Bassín, quien advirtió además que “los niños con hambre no aprenden. La falta de una buena alimentación impide el aprendizaje y esto ya se notaba y será más evidente ahora”. Por esto, como el pan es cada vez más chico y hay que repartirlo entre más personas, Bassín decidió salir a pedir ayuda a la comunidad. Alimentos, útiles escolares y ropa son la prioridad. Para esto, facilitó los siguientes números de teléfono 5492634575814 (Claudia Vicario) +54 9 263 479-9703 (Mirian Arce) +54 9 261 575-7856 (Cristian Bassín).

Emergencia extrema

El presente de los merenderos y comedores comunitarios es desesperante, tanto que muchos están obligados a cerrar en breve. En Palmira hay más de una veintena, entre los atendidos por organizaciones sociales, iglesias y vecinos. Solo la organización Nuestramérica, que responde al referente nacional Juan Grabois, tiene 14 merenderos y un comedor en el territorio palmirense.

 La anulación de partidas alimentarias decidida por el Ejecutivo Nacional los ha condenado. Por este panorama, el referente de Nuestramérica y también concejal en el departamento de General San Martín por esa organización, Alejandro Ravazzani, presentó el viernes último un proyecto de Ordenanza para que se declare la Emergencia Alimentaria en el territorio, con el objeto de “atender y superar la situación de vulnerabilidad alimentaria y nutricional”, con el diseño de un plan de abordaje de la emergencia como política de Estado, procurando garantizar la seguridad alimentaria de la población del departamento en estado de vulnerabilidad social”.

pobreza

El proyecto tiene fundamentos técnicos objetivos. En ellos se detalla: -El último informe técnico del INDEC, del 14 de febrero de 2024, sostiene que, en enero de 2024, la variación mensual de la canasta básica alimentaria (CBA) fue de 18,6%, mientras que la de la canasta básica total (CBT) fue de 20,4%; mientras que las variaciones de la CBA y de la CBT resultaron del 296,4% y 264,9%, en términos interanuales. -La Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas de la provincia de Mendoza (DEIE) publicó que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) de una familia tipo 2 (4 miembros, jefe de hogar, cónyuge, y dos hijos menores) es de $233.698, (por debajo de esa suma estamos en el nivel de indigencia) mientras la Canasta Básica Total asciende a $551.527 (por debajo de esa suma estamos en el nivel de pobreza). -Del campo a la góndola, los agroalimentos subieron 350% en diciembre. Según el Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) elaborado por el sector de Economías Regionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en diciembre los precios de los agroalimentos se multiplicaron por 3,5 veces del campo a la góndola. 

Verduras
 

En un comunicado difundido el 5 de febrero pasado, la Comisión Ejecutiva del Episcopado Argentino indicó que “en nuestra Patria nadie debería pasar hambre, ya que es una tierra bendita de pan. Sin embargo, hoy, a cientos de miles de familias se les hace cada vez más difícil alimentarse bien. La inflación desde hace años crece día a día y pega fuertemente en el precio de los alimentos. Lo siente claramente la clase media trabajadora, los jubilados y aquellos que no ven crecer sus salarios. También todo el universo de la economía popular, donde prácticamente se trabaja sin derechos. Pensemos en los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los ladrilleros, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado y de servicio. El tiempo de la pandemia nos enseñó el valor de la respuesta comunitaria organizada: unidos para curar, cuidar y compartir fue la consigna de ese tiempo. Se multiplicaron así, los comedores en nuestras parroquias, en las Iglesias evangélicas, entre los movimientos populares –especialmente en casa de vecinos que prestaron un lugar—. Las grandes protagonistas fueron las mujeres. Cada una se acercó a la olla pensando no solo en sus hijos, sino también en los de los vecinos, y así formaron comunidad, así formaron un pueblo que le hizo frente a un desafío inédito.Esa reserva está todavía presente, por eso el Estado nacional, provincial y municipal tienen que aprovecharla para que nadie se quede sin el pan de cada día. Todos los espacios de cuidado que dan de comer, todos los comedores comunitarios, de parroquias, Iglesias evangélicas, y de movimientos populares deben recibir ayuda sin dilación. Ningún sector de los que hoy están actuando, ninguna institución o Iglesia, podría hacerlo solo. La complejidad de la crisis así lo está indicando”.

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