En medio del avance de la reforma laboral que impulsa el Ejecutivo, la CGT convocó a su nuevo Consejo Directivo para analizar qué camino seguir frente a una iniciativa que el sindicalismo considera una pérdida de derechos. La conducción presentará un informe sobre las conversaciones mantenidas con funcionarios nacionales, donde se lograron algunos cambios, aunque persisten las diferencias de fondo.
El clima interno anticipa una reunión tensa. Sectores más duros impulsan una movilización frente al Congreso cuando comience el debate legislativo, mientras que otras corrientes prefieren intensificar la presión política sobre gobernadores y legisladores para evitar que el proyecto reúna los votos necesarios.

Entre las posturas intermedias aparece la idea de un plan de acción mixto, que combine asambleas informativas, presencia en la calle y negociaciones para frenar el avance de la iniciativa. Algunas voces advierten que una gran marcha podría verse afectada por el receso de verano, lo que pone en duda su efectividad como demostración de fuerza.
El encuentro también estará atravesado por el malestar de dirigentes que se sienten relegados dentro de la estructura actual de la central y reclaman mayor participación en las decisiones estratégicas. En paralelo, representantes sindicales mantuvieron contactos con bloques legislativos opositores para advertir sobre una posible maniobra que acelere el trámite parlamentario.



