La percepción de inflación volvió a escalar en el inicio de 2026 y modificó el mapa de consumo. El 65% de los argentinos consideró que los precios aumentaron “mucho o bastante” en el último mes y siete de cada diez hogares ajustaron gastos básicos para llegar a fin de mes.
El impacto se reflejó en las decisiones de compra. Seis de cada diez consumidores cambiaron a marcas más baratas y el 70% recurrió al financiamiento para sostener gastos cotidianos. La lógica predominante pasó a ser administrar, reemplazar productos y postergar consumos.

El cambio no es solo coyuntural. Las transferencias digitales se consolidaron como principal medio de pago, mientras que el precio se convirtió en el factor decisivo para la mayoría. En paralelo, el 63% optó por segundas marcas en los últimos meses y creció el comercio en tiendas del exterior, impulsado por la búsqueda de valores más bajos.
Aunque el consumo masivo mostró una leve recuperación en 2025, el canal digital avanzó con mayor fuerza. Las plataformas de delivery y supermercados online registraron un fuerte crecimiento, mientras que las ventas físicas retrocedieron. El fenómeno refleja una mayor fragmentación del consumo, con compras más puntuales y planificadas.
En este escenario, el vínculo con las marcas también se transformó. Más de la mitad de los argentinos dejó de priorizar primeras marcas en la vida cotidiana y solo las elige en ocasiones especiales. Así, cada compra dejó de ser automática y pasó a evaluarse según precio, momento y capacidad de pago.



