Chile atraviesa una de las peores crisis climáticas de los últimos años luego de un temporal que dejó un saldo de 13 víctimas fatales, cuatro personas desaparecidas y miles de damnificados. El avance de las lluvias provocó un colapso en distintos puntos del país, con localidades aisladas, caminos destruidos y servicios básicos interrumpidos.
El impacto más fuerte se concentra en las regiones de Atacama y Coquimbo, donde más de 63.000 personas permanecen aisladas por cortes de rutas y daños en la infraestructura. La situación resulta especialmente compleja en el norte chileno, donde las características del terreno desértico dificultan la absorción del agua y aumentan el riesgo de inundaciones repentinas.

Ante la gravedad del escenario, las autoridades declararon zona de catástrofe en Coquimbo y en la provincia de Huasco, en Atacama. La medida permitirá disponer de recursos adicionales, acelerar la asistencia a las familias afectadas y coordinar los trabajos de recuperación en las zonas más golpeadas.
El temporal dejó un amplio registro de daños: desbordes, derrumbes, rutas inutilizables, cortes de electricidad y problemas en el abastecimiento de agua potable. En algunos sectores, además, las ráfagas de viento alcanzaron velocidades cercanas a los 160 kilómetros por hora, agravando las consecuencias del fenómeno.




