La última medición del Observatorio de la Deuda Social reflejó una reducción de la pobreza por ingresos, que se ubicó en 31,8% en 2025, tras el impacto inflacionario de los años previos. Sin embargo, el nivel actual se acerca a los valores registrados en 2022, lo que evidencia que el repunte no logró revertir las debilidades estructurales del país.
El estudio atribuye parte de la mejora a la estabilización de precios después del ajuste económico de fines de 2023. Aun así, aclara que una parte de la caída responde a un cambio metodológico de la Encuesta Permanente de Hogares, que desde 2024 capta mejor los ingresos y tiende a mostrar descensos más pronunciados respecto de 2023.

Según el informe, el ajuste aplicado entre 2023 y 2024 provocó un deterioro profundo del bienestar económico, llevando la pobreza al 44,7% en su punto máximo. Aunque desde entonces hubo una recuperación, los especialistas remarcan que no es un proceso sólido y que la Argentina no consigue perforar el piso histórico del 25% desde hace más de dos décadas. La situación sigue siendo especialmente grave en los sectores más vulnerables. La pobreza alcanza al 71,8% del estrato “muy bajo”, al 57,1% del estrato “bajo” y al 28,4% del “medio bajo”, mientras que solo un 3,5% del sector “medio alto” se encuentra en esta condición. Además, casi tres de cada diez hogares continúan atrapados en la llamada pobreza crónica.
El impacto sobre la infancia vuelve a ser uno de los puntos más críticos. En los hogares con niños, la pobreza trepó al 58,9%, muy por encima del 35,2% registrado en los hogares sin menores a cargo. La indigencia también golpea con fuerza: llega al 14,9% entre los más chicos, lo que implica que una porción significativa no logra cubrir siquiera la canasta alimentaria básica. El informe advierte que los hogares con niños son los más expuestos a los vaivenes económicos y que estas condiciones profundizan la desigualdad intergeneracional, consolidando trayectorias de exclusión que se repiten año tras año.



