"Mi papá era una especie de guardaespaldas de Lencinas. Lo metieron preso un día antes que mataran a Lencinas y lo soltaron un día después", dice Miguel, con el tono de aquel que cuenta una anécdota familiar. Pero lo que dice solo reafirma, otra vez, que el homicidio de Carlos Washington Lencinas fue minuciosamente planeado y que la bala que le pegó cerca del hombro derecho y le atravesó el corazón, ya había sido disparada varios días y quien apretó el gatillo la tarde del noviembre de 1929 solo fue el ejecutor.
Tres días después Carlos W. Lencinas iba a cumplir 41 años, con solo 34 había sido gobernador de Mendoza y era una de las figuras políticas más importantes del país y, sin duda, la que tenía mayor futuro. Pero, mientras estaba asomado a uno de los balcones del Círculo de Armas que daba hacia la Avenida España, un disparo, quizás realizado con pistola Mannlicher calibre 7,63 (arma reglamentaria del Ejército hasta 1927) o por revolver Smith &Wesson calibre 38, lo hirió mortalmente.
"Las personas corrían y se aglomeraban confusamente. Las puertas y ventanas se entornaban o se cerraban. En estos momentos, según nos han expresado algunos testigos presenciales, los que se encontraban más cerca del doctor Lencinas, trataban de cubrirlo y conducirlo al interior de la sala de billar", relataba una crónica de la época. "Hasta ese instante, nadie sospechaba que el doctor Lencinas hubiese sido herido. Notaron, sin embargo, que éste se llevaba una mano al pecho, sin conseguir hablar. Cuando alguien le indicaba que tratara en definitiva de ponerse a salvo, los presentes notaron que el doctor Lencinas se desplomaba, arrojando sangre por la boca. Levantado por varios y colocado sobre la mesa de billar (...) Fue entonces que el doctor Rafael Néstor Lencinas, que había auxiliado a su hermano, dijo a los presentes: ´Carlos se muere, muchachos. Lo han asesinado´".

Carlos Washington Lencinas murió sobre esa mesa. Casi 89 años después, Miguel escucha la pregunta con atención:
-Dicen que esa mesa años después la compró su padre, Eugenio Fontana, y muchos hombres de Rodeo del Medio jugaron en ella. ¿Es así? ¿Todavía la familia la conserva?
- Mi papá era una especie de guardaespaldas de Lencinas. Lo metieron preso un día antes que mataran a Lencinas y lo soltaron un día después. La mesa de billar la compró en el remate que hizo un banco, que no recuerdo cuál era. La historia que usted dice puede ser cierta, pero no puedo asegurarlo. La mesa la desarmaron hace como 40 años y creo que se la llevó un hermano mío, pero no se cual. Lo que si sé, es que nunca se volvió a armar".
Hay un recuerdo fuerte en varios de los que fueron jóvenes en los 50 y 60. Una mesa imponente de billar en una especie de sala de juegos, que estaba ubicada en el fono de lo que en ese momento era la casa principal de lo Fontana, sobre la ruta 50 y frente a la bodega de Don Bosco. Hoy esa casa está cerrada y deshabitada, como casi la totalidad de las propiedades que fueron de don Eugenio Fontana y que, en sus mejores épocas, supo tener una compañía de transporte de cargas.
"Si, es muy probable que sea esa mesa. Mi suegro compraba muchas cosas en los remates y me acuerdo de esa mesa de billar", dijo una de las nueras de don Eugenio, que según su hijo menor Miguel murió en la década del 70.
El Gauchito
El lencinismo fue el movimiento político más poderoso de la historia de Mendoza. Desde que José Néstor Lencinas, el Gaucho, fue electo gobernador de Mendoza en 1918, el lencinismo había ganado todos los comicios a chicote alzado, o con la fusta debajo del brazo, si se atiende una imagen más onservadora.
José Néstor había sido fue uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical en 1891 y participado en las revoluciones radicales de 1893 y 1905.
En 1917, un año después de ser elegido presidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen intervino la Provincia de Mendoza gobernada por los conservadores, para posibilitar el triunfo del radicalismo.
En 1918 José Néstor Lencinas fue elegido gobernador de Mendoza. A poco de asumir inició un proceso de reformas sociales profundas, que comenzaron a marcar diferencias profundas con Yrigoyen.

El Gaucho falleció en el año 1920, pero el lencinismo ya tenía fuerza propia y su hijo Carlos Washington Lencinas potenció el movimiento y las políticas sociales. El Gauchito ya había sido electo diputado cuando tenía apenas 27 años y a los 34, en 1922, fue electo gobernador.
En 1929, con Hipólito Yrigoyen otra vez como Presidente de la Nación, Carlos Lencinas fue electo senador nacional por Mendoza. Pero el Senado, con el acuerdo de radicales y conservadores, rechazó sus pliegos.
Matar a Lencinas
A pesar de que le habían advertido que planeaban asesinarlo, Lencinas decide regresar a Mendoza. Viaja en tren, que para en cada estación mendocina y es recibido con vítores y los partidarios se suman a la comitiva que lo acompaña a la ciudad. Era el 10 de noviembre de 1929.
Las crónicas relatan que "una vez detenido el convoy, descendió del mismo el doctor Carlos Washington Lencinas, a quien acompañaba el señor Antonio García Pintos.
Cuando el doctor Lencinas bajó del coche en que viajaba, dejose oír una prolongada serie de aplausos y vítores entre la numerosísima concurrencia que llenaba, como decimos, los andenes y la calle de acceso a la Estación del Pacífico. El doctor Lencinas recibió entonces cariñosas manifestaciones del público asistente al acto, traducidas en vítores y aplausos prolongados".
Seguidamente, se organizó la columna de la manifestación, sacándose en andas al doctor Lencinas, quien en tal posición recorrió varios metros. La manifestación acompañó al Gauchito hasta el Círculo de Armas, edificio ya demolido que estaba en la esquina de Gutiérrez y España y que tenía su frente sobre esta última avenida, mirando hacia la plaza San Martín.
"Una vez que la columna llegó al Círculo de Armas en donde desde temprano se había aglomerado una cantidad respetable de personas que se disponían a escuchar la palabra de los oradores que había sido designados; el doctor Lencinas, acompañado de numerosas personas, hizo entonces la entrada al local del Círculo, ocupando instantes después uno de los balcones del edificio. Rodeaban en esos momentos al doctor Lencinas, varios de los más destacados correligionarios", se relató en una crónica de ese día.
"Acallados los aplausos que provocó su aparición en el balcón aludido, inició una serie de discursos el doctor Juan Carri Pérez, quien en breves palabras señaló el entusiasmo reinante en la concurrencia, provocado por la anunciada llegada del doctor Lencinas a Mendoza".
En ese instante, se escuchó el primer disparo, que partió del grupo ubicado entre la puerta central del Círculo de Armas y el balcón cercano al teatro Municipal. Breves segundos después de haberse escuchado esta detonación, se escucharon tres o cuatro más, generalizándose luego el tiroteo, ascendiendo los disparos a un número aproximado de veinte.
Mientras la cuadra en que se realizaba la manifestación y las avenidas de la plaza quedaban desiertas, en el Círculo de Armas se notaba una gran agitación. En las dependencias del edificio y especialmente en el zaguán y salón que dan a la calle.
Las personas corrían y se aglomeraban confusamente. Las puertas y ventanas se entornaban o se cerraban. En estos momentos, según nos han expresado algunos testigos presenciales, los que se encontraban más cerca del doctor Lencinas, trataban de cubrirlo y conducirlo al interior de la sala de billar. Hasta ese instante, nadie sospechaba que el doctor Lencinas hubiese sido herido. Notaron, sin embargo, que éste se llevaba una mano al pecho, sin conseguir hablar. Cuando alguien le indicaba que tratara en definitiva de ponerse a salvo, los presentes notaron que el doctor Lencinas se desplomaba, arrojando sangre por la boca.
Carlos Washington Lencinas murió ese día, sobre una mesa de billar del Círculo de Armas. Hay al menos tres versiones distintas sobre quién efectuó el disparo y un par de cuál fue el motivo del ataque... pero esa será otro capítulo de esta historia.




