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Conmoción por la sorpresiva muerte de un reconocido abogado de San Rafael

Toda la provincia de Mendoza, especialmente en el ambiente jurídico, quedó consternada por el inesperado fallecimiento de Guillermo Rubio, un reconocido y querido abogado de San Rafael, dueño de un profundo compromiso social y profesional.

Guillermo Rubio

A los 60 años y después de sufrir un ACV, falleció este viernes Guillermo Rubio, un reconocido abogado de San Rafael, dueño de un gran compromiso social y también profesional, que llevó al extremo, tanto que hasta cedió su propia casa y vivió precariamente en su estudio durante más de un año para permitir que un asistido suyo, que resultó siendo inocente, pudiera acceder al beneficio de la prisión domiciliaria.

A veces el destino juega una carta macabra, injusta, extremadamente cruel. La repentina muerte de Guillermo Rubio es una de esas veces.

"Con el alma completamente desgarrada informo que mi gran compañero, amigo incondicional, cómplice imprescindible y enorme ser humano partió de este mundo rodeado del amor de su familia, amigos y allegados", contó Nadia, su pareja y compañera de vida. “Guillermo fue, es y será un ser maravillosamente excepcional”, agregó.

Solo como ejemplo de la forma de vivir que Rubio tenía, vale este caso: Durante un año y cuatro meses Guillermo vivió en su estudio, porque decidió ceder su casa para que la Justicia de San Rafael accediera a otorgarle la detención domiciliaria a un inmigrante africano que estaba acusado por un caso de femicidio. Después de 587 días se comprobó que la acusación contra Gassim Alhassimou Barry era un error y fue sobreseído. Durante todo ese tiempo, Rubio no solo le prestó la casa, sino que corrió con sus gastos, incluida su alimentación.

El caso de Gassim fue noticia nacional. El guineano, de 33 años y llegado de polizón al país en 2009, tuvo la mala fortuna de encontrar tirado un celular dentro de una acequia cuando estaba de paso por San Rafael. Lo levantó, lo activó y 6 meses después lo detuvieron porque lo involucraron con el homicidio de la dueña de ese móvil, la policía Florencia Peralta.

Guillermo Rubio
Rubio con su defendido el guineano  Gassim Alhassimou Barry 

Gassim tuvo defensor oficial: Jorge Vitale, pero también Rubio se sumó al caso apenas se enteró, ya que inmediatamente detectó que había una vulneración de sus derechos. A los 15 días de detenido en la cárcel, se pidió la detención domiciliaria. “El domicilio de Barry estaba fijado en Buenos Aires y su familia se encontraba en África, a 10.000 kilómetros de distancia, por lo que la solución fue que yo le diera mi casa”, recordó Guillermo Rubio

Guillermo Rubio tenía 60 años, era sanrafaelino y se había recibido de abogado en la Universidad Nacional de Tucumán. Era integrante de la Liga Argentina por los Derechos Humanos y también parte de la Comisión por la Prevención de la Tortura.

Este periodista tuvo el gusto de conversar varias veces con Guillermo Rubio. Casi todas sus frases eran una declaración de principios. Sobre el caso Barry, recordaba que “detectamos la presencia de Barry, un hombre de raza negra, extranjero, pobre, totalmente vulnerable, encerrado en la cárcel en una situación que lo ponía en riesgo y, principalmente, advertimos que la acusación era un fraude”.

El abogado se preguntaba “¿cómo puede ser que los organismos hayamos advertido esta situación, sin mirar el expediente, y que el Estado haya seguido adelante, manteniéndolo preso?” Cuando se logró que se le concediera la detención domiciliaria Rubio contaba que “decidí traerlo a mi casa y yo mudarme a mi estudio, porque Barry no tenía otra posibilidad”.

Durante ese año y medio, que después concluyó con el sobreseimiento y la libertad absoluta, Rubio corrió con todos los gastos de Gassim. “Ahora siento un gran alivio. El temor era que fuera condenado injustamente, como un perejil. No había, no hay y no va a haber, ningún elemento que lo vinculara en circunstancia de tiempo, modo y lugar con el hecho que se investigaba. Haber encontrado un celular y haberlo tenido en su poder, no amerita que a él ni a nadie le atribuyan un homicidio”, decía Rubio.

Contaba que con Barry “nos hemos hecho amigos. Hemos compartido muchas cosas durante todo este tiempo”. Y recordaba algunas particularidades que tuvo el alojamiento de Gassim en su casa. “Yo he tenido que ir varias veces a la casa, como aval de la situación, porque Barry salía a tomar aire al jardín y sonaba la alarma porque tenía colocada una tobillera. Lo grave es que todo esto ocurrió en un marco de inocencia”.

Decía que ese tipo de casos ocurren por “la exacerbación de la punición que hay en la provincia. Es un desastre lo que ha hecho con la gente la Procuración General”.

Decía que su compromiso le ha granjeado críticas y enemigos, pero que “no me he fijado en esa situación. Si uno le quiere caer bien a todo el mundo, no puede hacer nada. Una persona que no tiene enemigos, es una persona que no tiene vida”.

Rubio recordaba que, cuando decidió mudarse a su estudio y dejarle su casa a Gassim Barry, tuvo el natural apoyo de sus hijas. “Ellas comparten en mucho lo que hago. Es lo que han vivido siempre en casa, con la mirada hacia el otro”.

Afirmaba que “siempre hemos tenido claro que la mirada es colectiva y las salidas son solidarias”.

Guillermo Rubio
Guillermo Rubio

Rubio también tenía una mirada crítica sobre la formación de los nuevos profesionales. “No tienen un pensamiento ideológico de la profesión, ojalá lo tuvieran. La formación de los nuevos profesionales, es una formación completamente mercantilizada. Esto está dado porque no hay una extensión universitaria. Cuando se planteó la reforma universitaria, se planteaba como muy importante la extensión universitaria. Los estudiantes de cualquier carrera, no tienen ningún contacto con la sociedad en la que están. Salen de la universidad directamente al núcleo de pertenencia profesional y enseguida se creen que están por encima de los demás. De allí viene el trajecito y la corbata, el maletincito, y todas las cualidades y características que acreditan a una persona profesional. Lo importante es la puesta, la forma de vestirse, pero hay una gran falta de contacto con la sociedad”.

Rubio subrayaba que “esto hay que cambiarlo para que el rol del profesional sea fecundo, mucho más profundo, que tengan contacto con la Argentina de verdad, la que vive en los distritos, con sus padecimientos y sufrimientos. Los abogados, los médicos, deben compartir esto y dar soluciones a esos sufrimientos. Así tendríamos profesionales comprometidos con resolver problemas y no tanta mercantilización ni tanto apretarse al lado de Tribunales o al lado del hospital…”.

Guillermo Rubio se ha ido. Ha dejado su legado, su pensamiento, su ejemplo de vida. Habrá que hacerse cargo de eso.

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