Los periodistas pueden contribuir de manera esencial para que el fútbol argentino progrese, su aporte resulta vital siempre y cuando ellos aprendan más cada día sobre técnica y táctica y menos sobre episodios de las vidas privadas de los jugadores o temas por el estilo.
El periodista deportivo debe ennoblecer sus expresiones manteniendo una sana tradición porque será escuchado por niños y jóvenes ávidos de comprender y disfrutar este juego.
La prensa de televisión, radial o escrita, suman emoción y educación en el deporte, tanto para jugadores como para espectadores. Y tal responsabilidad siempre estuvo clara para los periodistas de antaño, y suele flaquear en nuestros tiempos. Afortunadamente hoy Lionel Messi suple esas flaquezas con su ejemplo como persona y deportista.
“Si te burlas del enemigo derrotado rebajas tu victoria”
(VERDADERO)
Y esta verdad que no proviene del fútbol, sino de un proverbio árabe, también es verdad en fútbol.
No servirá desmerecer al rival antes de enfrentarlos, menos aún, luego de superarlos.

Es decir, la burla quita méritos y quita fútbol, no suma ni aporta nada al juego, por eso es tan importante que los periodistas no caigan en este tipo de suficiencias, ni siquiera, en rebajar su vocabulario para intentar acercarse al hincha de manera populista. En ocasiones, algunos periodistas aplican una terminología inconveniente en la jerga que resulta en este sentido perjudicial para la formación del hincha y del jugador, que también escucha..
Términos como “Raspar”, “limpiar”, “peinar”, “mojar”, “lastimar”, “hacer daño” , Etc., referidos al fútbol, son una serie de verbos aplicados con doble sentido, de poca nobleza y no resultan expresiones deportivas inteligentes.
En realidad existen los términos adecuados para describir cabalmente las instancias del juego referidas, términos dignos para lucirse sin avergonzarse por su antigüedad.
El periodista debe conservar una distancia con el escucha en pos de alcanzar un respeto mutuo y de poder entretenerlo e instruirlo a la vez en fútbol, de manera más útil y edificante. Entonces, cuando el escucha entiende y aprende, aprenderán los niños que serán el fútbol del mañana y nuestro semillero nacional seguirá progresando.
El periodista no debe decir tonterías que incorporen enseñanzas erróneas. Debe instruirse también y mantener cierta objetividad y ecuanimidad a la hora de analizar el juego, sobre todo por radio o televisión, donde los relatores y comentaristas de fútbol han logrado desubicarse con todo éxito por ejemplo en los años noventa.

Un periodista deportivo no puede decir, por ejemplo: “Que bien que pateó el penal: fuerte y al medio”, porque ése no es un penal bien pateado. No puede ignorar que si el arquero se queda parado en su sitio detiene el penal. Tampoco pueden decir, “que genio, la picó en el penal”, pues sabe en realidad el ejecutante jugó una apuesta al picar el penal en la que arriesgó su conversión por demás, todo ello considerando que un penal bien ejecutado tiene todas las probabilidades de convertirse en gol. Deberá explicar en tal caso: “Arriesgó picando el penal y le salió bien pero pudo haber desperdiciado la ocasión”, es decir que deberá ser crítico, en busca de la verdad del deporte, diciendo la verdad.
Pero para decir la verdad se necesita cierta sabiduría sencilla que en fútbol puede y debe aprenderse, en este caso por ejemplo, conociendo cómo se ejecuta bien un penal.

El tema de los penales cobra cada día mayor relevancia por tantas situaciones en las que los partidos clasificatorios se dirimen si han concluido en empate, mediante las definiciones desde el punto del penal. Algunos siguen diciendo:
“Los penales son una lotería”
(FALSO)
Es decir, puede que sean una lotería, si se patean mal, pero si se patean bien habrá un ganador: el que mejor los ejecute.
Y vemos cada día más definiciones por penales en los campeonatos del mundo y otros grandes torneos internacionales que deben resolverse así, porque tienen un margen de tiempo limitado para desarrollarse.
Por eso hoy más que nunca deben destacar que los penales no son una lotería y que el que pase a la siguiente ronda será porque ejecutó mejor los penales. Por el contrario, se suele agrandar en estas instancias la habilidad del arquero, que en realidad, está condenado a esperar que el ejecutante fracase, más que a sus propias fuerzas, tal como ya hemos explicado de manera abundante en el capítulo de los penales.

Es positivo también que el periodismo hable en contra de cánticos xenófobos pero sin hacerse eco de ellos demasiado porque corren el riesgo de darles prensa y de ese modo incentivarlos.
La Televisión europea por ejemplo, no muestra a los exhibicionistas que ingresan corriendo a una cancha desnudos por ejemplo, justamente para desalentarlos. Ya que buscan ser vistos por millones de espectadores y no lo consiguen.
El periodismo no debe hacerse eco de aquello que sea irreproducible. Un insulto en la cancha afectará a unos pocos cientos o quizá algunos miles, que puedan escucharlo. Pero el insulto reproducido por la televisión lo escuchan millones de personas, entre los que se cuentan niños, madres y abuelas.
Debemos conservar la nobleza en el fútbol porque además, sin nobleza, no se llega a campeón mundial, tal como hemos visto en los noventa donde tuvimos algún relator que hacía comentarios soeces y casualmente, no conseguimos grandes logros con nuestra selección nacional. Otro periodistas deportivo mezclaba su ideología desmereciendo y rebajabando el triunfo deportivo inobjetable que alcanzamos en el Mundial de 1978.
El deporte debe excluir los términos maleducados y la ideología política, no tiene nada que ver con la noble competencia que se reduce al fútbol, que es simple e incluye a todos.
Conservo las filmaciones de los partidos que jugó Argentina durante 1978 completos y puede advertirse, por ejemplo, que el partido contra Perú no estuvo comprado. Argentina creó veinte situaciones de gol contra Perú y convirtió seis, incluso pudo haber convertido más de no haberse desesperado por el resultado que debía obtener para pasar a la final. Perú tuvo dos opciones claras durante el primer tiempo que dieron en los postes… Distinto hubiera sido el desarrollo del encuentro si alguno de esos avances terminaba en gol, porque hubiésemos comenzado perdiendo. Es necesario que los periodistas deportivos jóvenes lo sepan, ese partido no estuvo comprado ni mucho menos el mundial, donde perdimos con Italia y empatamos con Brasil a duras penas.
El equipo del 78 fue un ejemplo deportivo para las futuras generaciones de futbolistas, tal como lo fue después la selección del 86, ni más ni menos.

Aquél equipo de Maradona tuvo quizás el mérito de ganar de visitante, en otro país, pero el de Kempes tuvo el mérito de conseguir por primera vez que Argentina fuera campeona del mundo, un logro que veíamos entonces casi imposible, lo recuerdo muy bien.
¿Quién es Mario Alberto Kempes?
Fue un gran jugador que hoy es un buen periodista, no se cansa de decir verdades y es bastante poco escuchado, quizá por su bajo perfil o porque jamás vendió escándalos, tenga menos prensa, lo cual es una lástima porque puede enseñarnos mucho a jugadores, espectadores y periodistas.
Una de las mayores verdades que ha dicho es que a los jugadores de fútbol no necesitan tantas horas de gimnasio: “…para lo único que les sirve el gimnasio a los jugadores de fútbol es para ir a mostrar sus músculos en la playa...”
Y está en lo cierto, de allí podemos deducir que correr, trotar, entrenar, practicar las jugadas que hemos señalado, escuchar al técnico, ver fútbol, y sobre todo jugar fútbol, donde aparecen las novedades y el progreso del juego si vamos por buen camino, es suficiente.
En cambio como señala Kempes, el gimnasio ha logrado que al endurecerse el jugador cada vez sean más frecuentes las lesiones de rodilla, en especial la rotura de ligamentos cruzados, que antaño rara vez podía producirse, cuando los jugadores no practicaban pesas ni hacían ejercicio con aparatos.
Años después Bilardo que además de haber sido un gran técnico fue un gran periodista radial con “La hora de Bilardo”, nos decía que la lesión en rodilla es la más peligrosa porque tarda meses el jugador en recuperarse, mientras que el tobillo es “más noble” porque cuando se lesiona se necesita sólo quince o veinte días para volver a jugar.
Tal vez, deban excluirse los aparatos en la formación de un futbolista o al menos disminuirse sus rutinas bastante. Y quizás no sólo por una cuestión de salud física, sin por cierta plasticidad de movimientos necesaria para el fútbol, que se puede perder con demasiada rutina de gimnasio.
Algunos buenos técnicos adhieren a esta idea de Kempes de disminuir las horas de gimnasio o eliminarlas por completo para sus jugadores de fútbol. Y han obtenido buenos resultados aún en estos tiempos, tales como Joseph Guardiola y Ángel Cappa, por ejemplo.

Alguien replicó una vez a Kempes que los jugadores de hoy son más fuertes y corren más, pero él respondió que habría que ver si hoy la pelota corría más rápido también. Buena respuesta. Buena pregunta.
Los periodistas deberían escuchar aquellos personajes célebres del fútbol volcados en su madurez al periodismo, no podrán enseñarles locución ni redacción, pero sus conceptos sencillos encierran gran experiencia y sabiduría.
En cambio deberían escuchar menos algunos otros que después de haber sido jugadores bastante mediocres se lanzaron al periodismo enumerando escándalos y chismes varios y diciendo cualquier cosa sobre fútbol, cuando les toca evaluar algún concepto del juego.
Volviendo a los buenos históricos escuchen entonces a Kempes o Latorre, o el gran técnico que fue Carlos Salvador Bilardo, o al buen árbitro que fue Guillermo Nimo, o al buen arquero que fue Sergio Goicochea.
Ellos nos enseñaron cuando se lanzaron al periodismo.
Basta escuchar hoy al hábil jugador que fue Diego Fernando “Gambetita” Latorre sus comentarios bajitos en los partidos de televisión, que suelen ser los más atinados hoy.

Ellos nos dicen que el futbolista debe jugar mucho, practicar pegadas, correr mucho y con cambio de ritmo, ver mucho fútbol, en síntesis, en ello consiste su preparación, mientras que las pesas y los aparatos del gimnasio resultan complementos relativos y quizá hasta inadecuados.
Los periodistas tienen el deber de plantear el debate si dudan de estos tópicos, en pos de la belleza del fútbol, preguntar a los técnicos y a los preparadores físicos, hablar de todo aquello que haga al rendimiento, la belleza y la nobleza del juego, que redundará en un mejor espectáculo para disfrutar. Los chismes no ayudarán a mejorar el juego, al contrario, confundirán. Si un jugador se puso de novio con una modelo o si tiene problemas con la bebida o si se pelea con un dirigente del club… No es periodismo deportivo.
Los periodistas han colaborado con la selección al criticarlos o exigirles más, al cuestionar a los técnicos, en fin, pero hablando siempre sobre el juego del fútbol y no sobre chismes que no sirven ni siquiera como apostillas. Así podrán educar sobre fúlbol al espectador y explicar lo que está sucediendo en un partido.

Argentina aprendió a jugar fútbol y ganó todo en los años setenta y ochenta a nivel de selecciones, a nivel de clubes e incluso a nivel amateur. Es indudable que sólo puede repetir la hazaña un país futbolero, un país que juegue al fútbol, un país que acumuló conocimientos claros y verdaderos sobre el juego.
Tenemos que saber cuál es nuestro fútbol argentino para poder elevarlo a su máxima potencia. He tratado de apuntarlo en este escrito y una vez más podemos ver el ejemplo en nuestra última selección ganadora en Qatar, que jugó fútbol argentino.
Vaya en este capítulo el recuerdo de grandes periodistas deportivos natos también como Enrique Macaya Márquez, Horacio García Blanco, Carlos Alfredo Juvenal, Víctor Hugo Morales, Horacio Pagani y tantos otros que realizando un noble análisis transmitieron y transmiten este deporte o continúan en el recuerdo.
Ustedes pueden ayudarnos aconsejando sabiamente, elogiando aciertos y ponderando la nobleza del deporte en toda ocasión, con el ejemplo noble del jugador que piensa en su equipo buscando la jugada correcta y el acierto propio antes que el error ajeno. Y que siempre el rival sea mejor que nosotros sin desmerecerlos, enalteciéndolos con frases tales como…
…“Tuvimos la fortuna de vencer a la gran naranja mecánica” (l978)
…“Pudimos marcar el tercer gol al equipo alemán cuando se nos venía la noche…”(1986)
…“Menos mal que pudo sacar ese disparo el Dibu porque perdíamos el campeonato…” (2022)
Conservando esa humildad de aceptar que existe una Mano de Dios con Mayúsculas, esa casualidad que siempre ayuda un poquito al campeón y consuela a quien pierde brindando esperanza.
Reproducción del Capítulo Undécimo del libro "Pequeñas Sabidurías del Fútbol Argentino" escrito por Pablo Rolando Marianetti.









