Aquellos días felices del verano
El calor es sofocante, pero también liberador. Menos ropa, más carne al aire, más contacto, menos resguardo e inhibición. Este es el recuerdo de aquellos días felices de calor, días tan comunes a todos.
El calor es sofocante, pero también liberador. Menos ropa, más carne al aire, más contacto, menos resguardo e inhibición. Este es el recuerdo de aquellos días felices de calor, días tan comunes a todos.
Sucedió una noche de Año Nuevo, en una guardia de hospital, en Mendoza. Solo los que trabajan en esos sitios pueden dar fe de estas situaciones cotidianas.
Ocurrió hace tiempo atrás, pero el paisaje se repite cada tanto acá, en Mendoza, pero podría ser también en cualquier sitio.
No sé cómo ocurrió. Solo puedo decir que, sin ningún acto previo, pude entrevistar a un hombre de la historia mendocina que murió hace mucho. El encuentro, no puedo decir cómo, se produjo en un calabozo, en mayo de 1864 y paso a transcribirla aquí.
La realidad y la ficción a veces tienen límites difusos y no se puede saber dónde están. Este es un ejemplo de ello.
Si me lo contaban no lo hubiera creído, pero lo vi y, por eso, debo escribirlo aquí para que quede constancia de lo que descubrí allá, donde el desierto de Mendoza pelea con el Hombre.
La ficción y la realidad se mezclan en esta historia mendocina, ocurrida en la primera mitad del Siglo XX.
Esta es una última recorrida por una de las zonas más antiguas de Mendoza, que lleva nombres que dan indicio de su origen. Allí quedaron, por ejemplo, capillas construidas una sobre otra y ruinas que conservan la memoria.
Brizuela supo ser un porfiado artista de Mendoza, que equilibraba su falta de talento con un gran entusiasmo. Un día salió de gira a la Costa Atlántica. Algunos dicen que triunfó. Otros cuentan esta historia.
Todos se preguntan cómo será. No hay respuestas y las que hay pueden ser reales o producto de alucinaciones. Morir solo, en un callejón perdido de Mendoza, puede ser un relato fantástico. O no.
Los que hacen u organizan la Fiesta de la Vendimia a veces se incomodan con las críticas. Pero una vez esa incomodidad terminó en la invitación a un duelo de honor.
El paso de los años hace que las costumbres vayan cambiando; aquellas se van perdiendo y surgen otras nuevas. Pero, si bien no se puede volver al pasado, hay algunas cosas buenas en eso que ya se perdió y que vale recordar.
Es uno de los pocos, quizás el único, que repara pelotas de fútbol en Mendoza. Tiene su puesto en la rotonda de Paso y San Martín, en Luján, y clientela de toda la provincia. Hasta los clubes de fútbol mendocinos le llevan sus balones para que los repare.
Más allá que desde la Dirección de Patrimonio de la Provincia sostienen que la calesita del Parque es un bien cultural y está en condiciones de ser declarada patrimonio histórico, el dueño del carrusel dice que la Dirección de Parques y Paseos Públicos pretende reemplazarla por una calesita moderna.
El padre Constantino Spagnolo fue un sacerdote que marcó la historia de este departamento de Mendoza y hoy una de las mejores escuelas secundarias de la Zona Este. Un día unos vecinos le jugaron una broma y le hicieron desaparecer su Fíat 600. La anécdota terminó siendo parte de la mística del lugar.
A veces la realidad es tan extraña que parece ser un relato de ficción complejo y hasta rebuscado. Pero todos los días suceden cosas que superan a la imaginación. Esta historia es una de esas y ocurrió en 2007, en la zona rural del departamento de Junín, en Mendoza.
Son madres y padres que han vivido la terrible experiencia de perder un hijo y se contienen unos a otros. El 15 de octubre hacen un homenaje en toda la provincia y una campaña para concientizar a la atención de los padres dolientes.
Rodrigo Martínez es parte de una minoría de hombres que busca a su madre de origen, a diferencia de cientos de mujeres que lo hacen. Supo de niño que no era hijo de sus padres de crianza, pero no ha logrado pistas firmes, solo que nació en el Hospital Lagomaggiore y que el embarazo de su madre ocurrió en una casa del barrio Trapiche